sábado, 6 de septiembre de 2014

El imaginario de la ciudad en Hallado en la Grieta, de Jorge Velasco Mackenzie

El imaginario de la ciudad en Hallado en la Grieta, de Jorge Velasco Mackenzie
Tomado de El Telégrafo 1 de septiembre de 2014

Paúl Puma, poeta
La literatura se decanta más bien hacia lo informe, o lo inacabado, como dijo e hizo Gombrowicz. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida… La escritura es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene-mujer, se deviene-animal o vegetal, se deviene-molécula hasta devenir- imperceptible.

La literatura y la vida
, Gilles Deleuze

El presente texto me sirve como una aproximación al imaginario de la ciudad en la novela Hallado en la grieta, de Jorge Velasco Mackenzie. La obra fue publicada por Editorial Mar Abierto (Manta, 2012) y plantea un escenario que difiere con los otros que ha utilizado el autor en sus narraciones, en los que la urbe se concreta como una ciudad propiamente dicha. Ahora, en un giro de timón, el autor ya no atiende a la masa poblacional atravesada por calles y edificios o casas, más acá o más allá de lo rural, sino al cuerpo enarbolado de una isla singularísima: Indefatigable. En ese cuerpo ocurre una historia como una suerte de tatuaje autómata que deduce pasiones oscuras.
Indefatigable: la isla Santa Cruz, es el original recinto rodeado de mar que, apartado del continente —huella inconclusa del territorio nacional ecuatoriano—, esboza su propia vida como un imaginario —del latín imaginarius: aquello que únicamente se devela en el ejercicio caro de la imaginación como la invención de un mundo, su imagen o representación social: imagen: imago: palimpsesto, retrato de algo frente al espejo: imitación de la figura real(1)–. Imaginario que atiende al interesante y, casi siempre lejano, territorio poblado de las islas Galápagos. En él —¿ciudad?, ¿urbe que se transforma?— en su recogimiento corpóreo, el espacio/tiempo es propicio para marcar el retorno a la memoria dolorosa del viejo Valdemar y su mujer de sangre oriental Ailyn, a la que compró —como un objeto suntuoso que se conoce y se lleva y ya— hace más de 20 años.
El odio/amor de estos dos personajes se desenreda en una geografía costera que no se corresponde precisamente con el puerto (por ejemplo con el de Guayaquil), ni siquiera con la ciudad en ciernes. Su universo es un arrecife entre arrecifes o una isla tras islas, donde una aventura novelesca profundizará en las imágenes de los navíos, el mar y los misterios de las siniestras Islas Encantadas en las que se posibilita —ah sortilegio de las palabras— una fábula espesa y trágica.
El viejo Valdemar enlazó a su amante obscenamente: el perdón de su compañera —¿capital emocional o sentimental mercancía humana?— es un carbón caliente entre sus manos, una deuda aplazada que quema. Sin embargo, la venganza, el sopor mutuo, el odio de Ailyn hacia su único postor y la búsqueda de las tumbas de sus padres: Toshiko y Junko o el recuerdo abominable de ellos, dilucidan un paisaje distinto que solo la inverosímil localidad de las Galápagos con su absoluta diferencia, con respecto a todas las ciudades del mundo, puede proporcionar.
La trama ficcional se origina como una navegación que pretende superar ¿o traspasar? el cuerpo del arrecife. El lector atestigua la llegada del barco El Albión a las islas Galápagos. Luego observa, también, el arribo del navío a las Islas Encantadas, que a lo largo de esta narración aparecen como islas funestas. El viejo Ventura y su mujer Ailyn regresan después de “veinte años, siete mil trescientos días con todas sus horas y lluvias”(2) a Indefatigable, para encontrar la fruta sucia de la venganza.
Ailyn constituye los ojos tristes de ese cuerpo imaginario golpeado por las olas del mar. Ventura es el sexo cansado por la espera. Ailyn es una imagen acústica, el recuerdo de sus padres, la explosión silenciosa e impertérrita, aquella tan cruel, la de la bomba de Nagasaki e Hiroshima que obligó a su familia a ocultarse del mundo como Hibakushas (o sobrevivientes del holocausto por mano estadounidense) despreciados como leprosos en la búsqueda de una nueva región, para olvidarse de sus otros congéneres, obligados a hacer o rehacer una nueva vida. El viejo es un disparo al aire, la evasión del cuerpo, su caída.  
Varios personajes se acercan a la ciudad que no es ciudad sino un amasijo de espíritus que solo la argucia del narrador omnisciente puede revelar. Aparece Eufemio, por ejemplo, el capitán que nombró a su paquebote Tigre III en honor a su hijo. O Billy Blackman, el suicida buscador de un tesoro y pieza clave de la historia, sin la cual Valdemar nunca hubiese conocido a los padres de Ailyn. También emerge como una sombra Nabor Tomalá o El indio ausente, espía o testigo de la compra-venta de Ailyn. Entre otros personajes, acuciosamente construidos —incluso en sus nombres, pues algo tienen de esas novelas clásicas de mar que se mantienen incólumes en nuestra reminiscencia— para esta intriga que los muestra —virtud del novelista— en una totalidad dialéctica y sagaz a lo largo de toda la obra.
Hallado en la grieta es una narración que acude a un imaginario único que es tesoro sanguíneo inexplorado por la mayoría de los ecuatorianos, inconsciente colectivo, uva de uvas, leche materna en la que encontraron un panorama asociado a la memoria, empeños literarios trascendentes como Las encantadas o Moby Dick, de Herman Melville. Mackenzie lo reseña y asimismo, toca o bebe de las aguas de otros autores como Luís Vaz de Camôes, Pablo Palacio, Antonio Cisneros, Tristan Tzara, Fernando Pessoa, Ovidio, Paul Valéry, Mario V. Llosa o Mary Shelley. Sus oportunas referencias son acaso muelles para anclar los barcos de su novela, son presencias en el hilo de esta historia que matizan y brindan asidero a la invención de la acuarela y sus almas.
Novela de aventura, similar a un hipocampo remecido por las tibias aguas del océano Pacífico, acoge en su corazón y su cerebro historias “palabreadas” desde la mirada del investigador, del periodista riguroso que sabe cuándo elevar ancla y guiar el timón hacia la ficción de un horizonte y un mar reales, desde los datos histórico-geográficos y los enigmas que, en este caso, rodean al antiguo y mal llamado Archipiélago de Colón. Mackenzie es tan meticuloso en la pintura que elabora. Al espectador le queda, entonces, calcular los puntos de fuga, el ápice de oro que brilla en el trazado literario y el cielo, así como la noche y las estrellas que rocían de luminosa tragedia a sus personajes.
Las líneas de la narración son bien meditadas, así como las pulsaciones que elevan una melodía prolija desde los clavijeros de metal de un piano adiestrado, y reservan breves y diestras elipsis, párrafos bien pensados y argumentados, hipótesis comprobadas. Hay capítulos rematados con minuciosidad que encierran acertadas comparaciones y lúcidas imágenes: “Es un mundo pequeño, ¿no? Apenas cabe un dedal en el dedo y la aguja no entra. Empuja el mundo”. “El miedo hundía su horror como un arpón en la carne”. “La mañana se volvió calurosa, lenta, pesada, un ancla atrapada en las piedras de la isla.”(3) También hay frases que representan verdades: “Todos los caminos que conducen a la aventura o al placer son escabrosos”. “…quien bebe solo siempre se inventa un interlocutor que lo escucha”. “El vidrio es pureza. El metal es venganza”. “…la ley viene siempre después del delito”. “Así vive la serpiente con su propio veneno, la mordedura del perro se sana con su propia pelambre, la muerte se cura con los restos de la misma muerte”. “…cuando una nave se hace a la mar no se prepara para navegar sino para no zozobrar. La vida es como la nave. No la vives, la mueres”.(4) Es posible una urdimbre hecha de frases tentadoras: “¿Han visto una mirada con fuerza? Claro, la han visto. Es cuando en la pupila se dibuja una daga que tiene en la punta una gota de sangre”.(5) Las frases nos conminan a escrutar en la realidad de la fabulación o viceversa, el objetivo novelístico ha sido cumplido.
Es difícil no volver a la novela y a la construcción de su diámetro corporal, a su ciudad/no ciudad, a su tratamiento de la imagen, a su imaginación ficticia —¿o real?—, a su universo paralelo que se corresponde con su espejo imaginario. Las escenas que se destacan son cuadros casi cinematográficos, bien elaborados desde la dramaturgia aristotélica, aquella que contempla una montaña rusa emocional plagada de conflictos hacia un clímax y un desenlace. Perturba, por ejemplo, en demasía, esa escena en la que Ailyn le relata al capitán del Tigre III las atrocidades del ataque nuclear o el temido “silencio de la ola” de Hiroshima y Nagasaki: “Eran cientos los heridos, distintos por todos lados, y los muertos reflotando en las aguas de los siete ríos de Hiroshima, el abanico quemado. Arrastrando a Junko que aún herido seguía maldiciendo Tenno Haika, alcanzamos el puente Koi y miramos adentro de la trinchera cavada por los soldados para detener el fuego, según la orden imperial para detener la invasión; de ahí emergían los soldados sangrando por todas partes de sus cuerpos, lo más terrible de mirar eran sus cabezas, el pelo estopado de sangre coagulada y los ojos chorreantes ‘¡Bansai! ¡Bansai! ¡Tenno Haika!’ Cantaron a nuestro paso”.(6) 
Y cuando el lector ha quedado sin palabras frente a las palabras aparecen los logrados y paradójicos cuadros, como el de Ailyn arrastrando al viejo y ebrio Valdemar mientras los inunda el agua —¿extraña entraña de la solidaridad?— así como el de Toshiko haciendo hasta lo imposible por salvar la vida de su esposo Junko San —¿entraña de la extraña solidaridad? ¿Esa, la que nos devuelve a la condición de humanos?—.
No hay deudas que el lector pueda reclamar al narrador en este viaje marítimo: su amasijo pictórico agobia y recrudece firme en la lectura. No hay reproches. Ni siquiera su adjetivación malvada para el mar o las islas, su desconfianza ante lo desconocido, los ambientes naturales o sobrenaturales, los intrincados caminos interregnos acosados por las aguas del mar o los presagios lóbregos y mórbidos de esta aventura.
La construcción de la novela, el desarrollo de la trama, el contexto que se supera como pre-texto, los puntos de quiebre en el argumento, la tensión o la expectativa generadas (donde el mar, el viento, los objetos adquieren vida propia y aseguran el enigma del tejido narrativo hasta su final) nos advierten de la historia depurada con corrección, hecha por las manos de un orfebre que sabe intercalar la evolución de los personajes, las escenas sustantivas y adjetivas, los diálogos y los ambientes con metáforas y comparaciones que fijan, con certeza, los goznes de una maquinaria atroz —por lúcida y maquiavélica— o los ejes temáticos, dígase breves capítulos hipotéticos, de la novela hacia la fuente de la recordación del lector —ay, empero, también, quizás, del propio escritor.
Los conflictos de la obra hablan de la muerte o el odio o el miedo como la sustancia de una trama que enajena y sostiene en vilo la emoción. Su elaboración discursiva disipa al que lee ¿o escribe?, lo orilla al tormento y a la nostalgia de un narrador y su historia, pensada desde lo verosímil (¿intuimos aquí al laberinto Mackenzie?). Como dice Derrida en Leer lo ilegible: “Hay siempre en el interior del idioma, en el interior de la propiedad, una diferencia y un comienzo de expropiación, que hace que el ‘alguien’ que escribe no pueda nunca replegarse sobre su propio idioma, y sea un ‘alguien’ que ya está difiriendo de sí, disociándose de sí mismo en su relación con el otro. Este ‘alguien’ es ‘algún otro’, alguien que habla al otro, no se puede decir que simplemente sea el que es. Yo diría, pues, que si hay escritura supone una afirmación; es siempre la afirmación de algún otro para el otro, dirigida al otro, afirmando al otro, a algún otro. Siempre es algún otro quien firma.”(7)
Intuyo. Intuimos, la experiencia del ojo experto del autor para plasmar breves fragmentos de vida en su libro-sinfonía que es una “música hecha de silencios”(8) similar a ese fandanguillo de los “escualos de movimientos sinuosos y siniestros, como si estuvieran actuando en una danza sin música y sin espectadores debajo del agua”(9). Se intuye ese “volar” que nos entrega Jorge Velasco M. en su vigésimo segundo emprendimiento literario.
La finalización del capítulo Las grietas permite encontrar una especie de punto de giro en la novela. Hasta ahí el narrador fue invisible (obsérvense algunas novelas de Manuel Puig, por ejemplo, pienso en El beso de la mujer araña) si no fuera por dos o tres frases claves que permitieron intuir su vida. Luego hace su entrada como si se tratase de un contador oral a veces omnisciente, a veces omnipresente, pues asiste, por ejemplo, a la escena en que Ailyn ayuda a parir a una mujer fuera de un nosocomio o es testigo privilegiado de la intimidad de esa alcoba en la que Ailyn y Valdemar dormitan o se aman o —cabe decirlo— se matan.
Es por demás elocuente el monólogo final de Valdemar Ventura, una suerte de retrospectiva del personaje principal de la novela: “Odio mi fea carnalidad. Esa que veo morir a diario en el espejo donde al afeitarme me miro viejo, un meditabundo errante entre las olas… Aborrezco mi andar crispado, jorobado, en busca de un trago que no encuentro en toda la isla. Mi cuerpo hediondo a alcohol hasta la muerte... Vivo con una mujer en una cueva que nadie conoce, donde sólo existe la mordedura del hambre y la sed perpetua… Por eso veo doble, dos veces el mismo dolor…”.(10) 
Dicho monólogo contrasta con la descripción de la infancia de Ailyn que, al parecer, sonríe tres veces en la historia —¿el único destello de alegría pura que se observa en el sistema narrativo?—: “Como era aún una niña de doce años, pensaba en corales y caballitos de mar; un gran caracol blanco que vio roto en un acantilado, olas y espuma; arena, niebla y mar… Entre la lobreguez imaginaba batallas de soldados diminutos, luchando contra un inmenso dragón; un fuego furioso y un gran hongo que rompía el aire… Por las hendiduras de la gran ventana del corredor comenzaban a meterse cuchilladas de luz cuando Ailyn se quedaba dormida en su jergón”.(11)   
Tensión, expectativa, imaginación detallística, registro argumentativo riguroso que a ratos nos hace recordar El viejo y el mar, del maestro E. Hemingway con las distancias necesarias que impone el tiempo, la audacia y el desenfreno o el rigor: hay tantos términos que subraya el autor como conocedor del mar desde el continente o fuera de él: regolfo, rada, barlovento, ristre, martinpescador, rabihorcado, ibis, balandra, estuario, baladro, minarete, chalupa, paquebote, sotavento y róbalo, entre otros. Y alcanzan su esplendor en el uso que hace de ellos Mackenzie para sustentar su visión de las cosas y de sus personajes, permitiéndoles nadar firmemente, entre sus páginas, hacia ese cuadro de desolación —hogar de las palabras, representación de representaciones, imágenes atadas a una mente sin tierra y sin cielo, más allá de la ciudad que no es ciudad sino una burda capitanía isleña repleta de aires dulcísimos que tocan los senos de oro de la muerte— y que Mackenzie quiere fabricar al final, en su capítulo ‘La última roca’.
No estamos frente a alguien que señala una casa encendida, quizás, por la luz mortecina en la que alguien seguramente morirá, tal vez un pescador que se propuso llevar a su pez enorme hasta su costa sin importarle los leones marinos o los sargazos o todo  todo. Asistimos al cuadro cotidiano de una sola inundación que trae su plaga incluida y que sofoca una vida doble en una resplandeciente habitación compartida en pos de lo que algunos nos empeñamos en llamar eternidad. Vida doble: la de Ailyn —que juró matar a su comprador cuando fue poseída por primera vez— y la del Viejo Valdemar —es así como se podría designar al amor que se descubre detrás del odio de los años y el espejo— para brindarnos una frase que atisbe la vida en otro lugar, quizás, allí, en esa región inmarcesible de la muerte que aún palpita en la memoria, aquella, la del frenético mañana que se acerca.

sábado, 30 de agosto de 2014

Publicada antología poética de Octavio Paz en chino


Tomado de XINHUA ESPAÑOL

Sábado 30-08-2014

BEIJING, 29 ago (Xinhua) -- Con motivo del centenario del nacimiento del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, la embajada de México organizó el jueves una presentación de su antología poética en chino titulada "Piedra de sol" en el marco de la Feria Internacional del Libro de Beijing.
El gobierno de México ha lanzado este año un programa a escala internacional con el objetivo de homenajear al difunto gigante literario, manifestó el embajador mexicano en China, Julián Ventura, quien afirmó que la mejor manera de conmemorarle es volver a leer sus obras maestras.
La colección, traducida por Zhao Zhenjiang, catedrático de la Universidad de Beijing, y publicada por la Editorial Yanshan de Beijing, recoge una serie de poemas representativos de Paz, incluyendo "Piedra de sol", "Blanco" y "Bajo tu clara sombra", entre otros.
Durante el evento, Zhao y Aurelio Asiain, poeta mexicano y experto en las obras de Paz, intercambiaron opiniones y compartieron reflexiones sobre el laureado escritor mexicano.
De acuerdo con Zhao, Paz siempre se preocupó mucho por el destino del hombre y dejó una impronta de su personalidad independiente en sus libros, razones por las cuales el intelectual latinoamericano ha ganado tanto prestigio y popularidad entre lectores de todo el mundo.
"Además de poeta, Paz también era un notable filósofo y pensador", señaló el traductor chino.
Por su parte, Asiain se hizo eco de las palabras de Zhao al resaltar la conciencia pública de Paz, quien "estaba muy pendiente de la actualidad desde la perspectiva de la historia, y discutía sobre la política, la sociedad y los asuntos públicos desde la voz de un poeta".
Asimismo, el académico chino enfatizó que la literatura clásica china dejó una fuerte influencia en Paz, quien mostró un profundo interés por los pensamientos de Zhuangzi, padre del taoísmo y que, según opinó el propio autor, es "el maestro de la paradoja y del humor".
Además, Paz tradujo muchos poemas y textos clásicos chinos, la gran mayoría de ellos de las dinastías Tang y Song, los siglos de oro de la poesía del país asiático, añadió.
Octavio Paz Lozano, nacido en 1914 y fallecido en 1998 en la Ciudad de México, fue poeta, ensayista, traductor y diplomático. Entre sus obras emblemáticas destacan "El laberinto de la soledad", "El arco y la lira" y "Libertad bajo palabra".

martes, 26 de agosto de 2014

Cortázar es más que un iniciador de lectores

Tomado de El Comercio 23 de agosto de 2014

paredesf@elcomercio.com   Flavio Paredes Cruz. Editor 23 Agosto 2014



A 100 años del ­nacimiento de Julio Cortázar, voces lo postulan como autor para adolescentes... Lo es , tanto como un genio de las letras.


Que se lo lee en buses y pupitres. Que el mercado ha absorbido su nombre para multiplicar ganancias. Que a un siglo de su nacimiento y 30 de su muerte ha llegado la hora de golpear la piedra de Montparnasse, para saber si sigue igual de grande, igual de bueno, igual de genio, o si ha cedido al desgaste producido por los años y los vivos. Julio Cortázar... Volvemos a su nombre y a su letra, por efeméride, por quienes se declaran sus detractores y por su prosa.
Recientemente se ha propuesto a ‘Rayuela’ como novela a transitar en algún momento de la adolescencia, y a su autor como escritor para la infancia y juventud, como un entrenamiento para la vida de lector adulto. César Aira, enciclopedista de los autores latinoamericanos, declaró que: “El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges. Luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable”. Cuentos de artesanías, increíblemente malos, ridícu­los, decía también el argentino Aira. Mientras que para Fernando Vallejo, polemista en cuanto escritor, Cortázar no sabía escribir.
Ya sea por posturas reaccionarias o por el afán de reducir a cenizas lo adoptado por el canon, los detractores de Cortázar -avalándose como nueva generación- obedecen a una búsqueda implacable de distanciamiento... Sucede con Cortázar en Argentina, pasa con García Márquez en Colombia, se repite en todo intento parricida.
Asimismo, ubicarlo como literatura de iniciación, encasillarlo en esa categoría reduccionista, se debe a la insistencia en recitar -hasta el agotamiento- el capítulo siete de ‘Rayuela’. Se debe a la fijación bohemia por su gusto por el jazz, a la perspectiva ‘hipsteriana’ en su fascinación por los gatos. O se debe también a los miramientos sobre su postura política, que más bien fue consecuente y no de ideologías, término que Cortázar esquivaba con solvencia. Se debe a lo común y a lo de fácil acceso.
Contra ello y contra el lodo, hace falta entrar en su ficción. Puede ser iniciación en la literatura -tampoco hay como sustraerse de esta certeza-; pero también es más. Es mantenerse sobre su montura hasta encontrar la riqueza inventora de Cortázar, la re­ferencia de lo clásico o lo trivial que deviene en espanto.
Paul Alexander Georgescu, para quien Cortázar está obsesionado por la asfixia de la costumbre, postula que el autor contestaba con violencia a un mundo ordenado de manera mezquina; que pasó de lo real a lo fantástico, de lo cotidiano a lo insólito; que sus personajes recurren a ‘inconductas’ para desafiar por extravagancia a los esclavos de la rutina. El hombre, en su obra, -descifra el rumano- ocupa una posición marginal, no busca, es buscado y hallado trágicamente por el misterio, es objeto de invasión.
De allí que sus personajes sean figuras evasivas, misteriosas, inacabadas, en génesis o metamorfosis (Carlos Fuentes dixi). El mexicano, compañero del ‘boom’, retrata a los personajes de Julio Cortázar como posibilidades extremas, no realizadas en el mundo humano, de quienes no importa el pasado, el aspecto físico, las motivaciones psicológicas. Son seres entre conejitos blancos vomitados, ajolotes con nuestro rostro, suéteres que aprisionan, casas tomadas, gente que olvida su destino al comprar un boleto, aquel accidentado que despierta en una mesa de operaciones o una piedra de sacrificios...
Pero la genialidad cortazariana no reposa solamente en el placer de la invención -tan mal visto por Aira-, sino en otros aspectos. En la transtextualidad que ubica al mito como suelo antropológico y literario de sus relatos, como orden de discurso, como temas que revelan una realidad distinta... Son cuentos articulados sobre el animismo, el eterno retorno, la metamorfosis; Circes y ménades modernas, en un juego de utopías entre Europa y América.
También reposa en el lenguaje. Para Tomás Eloy Martínez, Julio Cortázar enseñó a trastocar todos los órdenes del lenguaje y a recuperar el desdeñado acento latinoamericano. El maestro del periodismo recapitulaba el crecimiento de su paisano: pasó de ‘Los reyes’, poema dramático muy torre de marfil y muy laberinto griego, a poco a poco perderle respeto a la literatura, a entrar en confianza y a terminar burlándose de ella.
La genialidad reposa en la necesidad de arrancarle la palabra al poder, de dar nombre a las cosas (Fuentes). Reposa en un lunfardo que proviene de las vagancias juveniles del autor por Buenos Aires, de su memoria sensual, de colores, olores y formas. Es un lenguaje -o contralenguaje- de ritmos, onomatopeyas, retruécanos, neologismos y heteroglosia; donde lo emotivo prevalece en el sarcasmo, la ironía, la vehemencia, la desesperación; un lenguaje que -según Georgescu- multiplica las perspectivas, aumenta la sutileza intelectual, favorece la erupción simbólica, lo ­inquietante, la dislocación.
Wilfrido H. Corral propone que Cortázar “apenas establece la ley, constituye la trampa”, de ahí que la escritura que plantea se comprenda como necesariamente experimental. Además, considerando el contexto occidental, para el crítico ecuatoriano- no sería cliché o afirmación exagerada proponer que nunca habrá otro prosista hispanoamericano como él, con una obra tan vasta y tan comprometida con la literatura.
Tampoco resulta cierto eso de que Cortázar fue un autor anclado en la mitad del siglo XX. Su creación ni se difumina ni es marmórea... Es presencia; quizá, por la feliz recepción de su obra, ahora reforzada por la publicación, en inglés, francés y castellano, de un extenso corpus de trabajos póstumos, como apunta Corral. Ediciones que lo proponen hoy y que siguen a una demanda constante y a una popularidad no efímera.
“Los jóvenes son mis mejores lectores”, reconoció el Cronopio Mayor. Ellos, siempre jóvenes entonces, hallaron en Cortázar la iniciación y descubrieron el misterio para permanecer en él. Su ficción se presta para ello. Si Cortázar fuera solamente lectura para adolescentes, lo sería si quien se acerca a su obra adoleciese de comprensión lectora.

Julio Cortázar, cien años del nacimiento de un intelectual comprometido


El denominado Año Cortázar, por cumplirse los 100 años del nacimiento y los 30 de la muerte del escritor argentino, ha estado dominado por publicaciones y proyecciones de películas basadas en su obra literaria.
Innegable que sea así, ya que él es uno de los referentes de las letras hispanas. Pero ha pasado inadvertido el Cortázar militante, el intelectual comprometido con las causas de liberación de los pueblos.
Fue integrante del Tribunal Internacional Bertrand Russell, que juzgó y denunció las violaciones a los derechos humanos de las dictaduras latinoamericanas. Ante las atrocidades y los abusos, declararía: “Me ha tocado descubrir al final de mi camino, la necesidad insustituible de la libre palabra frente al salivazo de la fuerza bruta”.
Aunque nunca se consideró un militante político, asumió como un compromiso personal e intelectual la lucha para servir a la causa de la libertad latinoamericana. Ese compromiso lo hizo apoyar a la Revolución Cubana (1959) y la Sandinista en Nicaragua (1979) y a todos los movimientos de liberación de los países de Centroamérica.
Su apuesta fue por un socialismo humanista. Crítico del capitalismo, al que consideraba un enemigo de América Latina, fue feroz oponente a las soluciones de un comunismo dogmático. Quizás esa postura de libertad y vida le haría decir: “Una revolución que no salve la alegría por debajo o por encima de todos sus valores esenciales, está destinada al fracaso”.

El escritor argentino visitó el Ecuador entre el 20 y el 24 de enero de 1973. En Quito, asistió al lanzamiento de la revista del Frente Cultural Bufanda del Sol. Además, realizó la presentación de su obra, El libro de Manuel, en la que analiza la política latinoamericana. Luego, asistió a la obra teatral La guerra del 41, presentada por el grupo teatral de la Politécnica.
Fue al Penal García Moreno a visitar al escritor Jaime Galarza Zavala, quien estaba detenido por la publicación de su libro El festín del petróleo, en el que denunciaba actos de corrupción en los que estaban implicados personajes de la vida política del país. Se vivían los años del llamado Gobierno Nacionalista y Revolucionario de Guillermo Rodríguez Lara.
Se consideraba a Galarza un preso político. Cortázar escribió una carta solidarizándose con el intelectual ecuatoriano y pidiendo su liberación.
El documento fue suscrito por escritores de la talla de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Miguel Ángel Asturias. Este acto hizo que la situación de Jaime Galarza cambiara. Producto de ello, lo cambiaron de celda y mejoraron su trato personal.
El acontecimiento lo narra el escritor argentino en una carta enviada a Francisco Urondo y publicada en Liberation en ese año. Concluye así: “Me fui, claro, pero me fui sabiendo que de alguna manera no me iba, y que también Jaime se iba conmigo en esa zona del corazón que está para siempre a salvo de los cercos, las rejas y el odio”.
Cortázar en Frases
Constante lúdica
“El niño nunca ha muerto en mí y creo que en el fondo no muere en ningún poeta ni en ningún escritor. He conservado siempre una capacidad lúdica muy grande”. (Clases de literatura. Berkeley, 1980, 2013).
Nacionalidad
“A mi manera y desde lejos, yo he probado que fui, que soy y que seguiré siendo mucho más argentino que todos los que sacan banderas los días patrios o cantan el himno sin siquiera entender bien sus palabras”. (1981, carta a su madre María Herminia Descotte de Cortázar en Cartas, 2012).
Evolución política
“De la Argentina se alejó un escritor para quien la realidad, como la imaginaba Mallarmé, debía culminar en un libro; en París nació un hombre para quien los libros deberán culminar en la realidad”. (1967, carta a Fernández Retamar en Cartas, 2012).
Literatura y libros
“La verdad es que la literatura con mayúsculas me importa un bledo, lo único interesante es buscarse y a veces encontrarse en ese combate con la palabra que después dará el objeto llamado libro”. (1969, incluido en Papeles inesperados, 2009). (DPA).

lunes, 8 de abril de 2013

Pedro Gil y sus infiernos


Tomado de hoy.com.ec   
Publicado el 07/Abril/2013 | 00:47
Por: Marco Antonio Rodríguez*

analisis@hoy.com.ec
Pedro Gil lleva a cuestas una criatura sabia y taciturna, tumultuosa y desgarrada. Pedro no habla, musita. ¿Su voz sofocada y su laconismo se deben a su imposible timidez? Pedro masculla, pero siempre dice su verdad: espléndida y corrosiva, ácida y fulminante. Hace tiempo halló en la palabra la única manera de sobrevivir. Así fueron saliendo de su talento creador: Paren la guerra que yo no juego (1989), Delirium tremens (1993), Con unas arrugas en la sangre (1997), He llevado una vida feliz (2001, antología que incluye Los poetas duros no lloran), Sano juicio (2003) y crónico (Poemas del siquiátrico Sagrado Corazón - 2012).

La vitriólica mofa de Pedro Gil (Manta, 1971) la enfila hacia esos diosecillos ambulatorios que fungen de poetas o escritores, y van y vienen por cenáculos y certámenes, ahítos de vanidad y vacuidad, aunque también la esparce —agua bendecida por todos los demonios— sobre la vida y la muerte, el amor y el olvido, la paz y la guerra, la tierra y el sueño, la justicia y la miseria, la fe y la esperanza, el hombre y la mujer, Dios y las vírgenes, y otras hierbas malsanas…

Pedro va a los tumbos por la vida, absorbiendo las ultimidades de la condición humana y, de sus incesantes aventuras existenciales, sale siempre con una serie de cabezas sangrantes, trofeos de su feroz cacería: sus poemas. Muy pocos como él se arriesgan a hurgar en los infiernos humanos con tan desaforado ahínco. O —si lo quieren— en nuestros esperpénticos infinitos, los más irrisorios, los más inútiles (espejos en los cuales nos rehusamos a vernos). Exploración a fondo de él mismo y nosotros; acerba crítica de nuestros valores y creencias, encuentro con los conocidos-desconocidos, los otros yo que se borran y se transforman en una inmensa mueca de burla; poesía de los andurriales, de los espacios mal alumbrados en los que se mueven —espectros vacilantes y ebrios— los álter egos de una humanidad que nunca estuvo cerca de merecer su nombre. En la poesía de Pedro Gil, creación y destrucción se unimisman, puesto que lo que afirma entraña la disgregación de lo que las convenciones sociales tienen por verdadero, 

íntegro, sagrado o inmutable.

Qué pequeños se ven la mayoría de sus poetas contemporáneos si se comparan con la perversa poesía de Pedro Gil. Pero no se trata de comparar, sino de lamentar las poses de los poetas ‘coronados’ o ‘comprometidos’ (de ayer y de hoy), con el poder en sus multivarios y risibles rostros, en tanto que él vive autoexcluido, bastándole el venablo abrasador de su poesía, su palabra asfixiante y virtuosa, su palabra flagelante, pero también luz de minero. Palabras que son o simulan zozobras, desafueros y conjuras.

* Narrador, ensayista

 

miércoles, 3 de abril de 2013

Dávila Vázquez: textos de la Pasión


Presentación de un poeta ecuatoriano 

 
Dávila Vázquez: textos de la Pasión
 
 “Todos los seres humanos tenemos en algún momento necesidad de orar, y lo hacemos de distinto modo. Yo lo he hecho en este libro”. 
17 DE MARZO DE 2013
 
CONVICCIÓN DE CRISTIANO
Completamos el acercamiento a la poesía que Jorge Dávila Vázquez ha dedicado al Cristo de los evangelios. Y si en algún poema de otra serie el escritor de la ecuatoriana ciudad de Cuenca señala: “El silencio:/ no ausencia de/ la palabra,/ anunciación/ del Verbo”, posteriormente, en el citado poemario  “La palabra, el silencio”  (2004), íntegramente dedicado a la temática bíblica, deja expresa constancia que los poemas acopiados en él, constituyen “un público acto de fe, y también un conjunto de mínimas plegarias y meditaciones. Todos los seres humanos tenemos en algún momento necesidad de orar, y lo hacemos de distinto modo. Yo lo he hecho en este libro”.

Agrega que su madre, ya fallecida cuando escribió el libro, fue quien desde el primer momento le hizo conocer los misterios del Señor. Pero no siente congoja por su ausencia, como resalta en la declaración final de su sentido preludio: “Mi convicción de cristiano es que nunca nos ha abandonado y que un día nos habremos de reunir nuevamente en el amoroso y cálido seno del Padre”.

LA TUMBA VACÍA Y OTROS POEMAS
Como hecho curioso, este pasado viernes recibí una amplia antología de Jorge Dávila Vázquez,  El temblor de la Palabra  (Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 2009, pp. 370), con selección realizada por Santiago Vizcaíno. Me lo trajo hasta Salamanca, debidamente dedicada, el excelente poeta Bruno Sáenz Andrade, de quien ya di cuenta de su poesía dedicada a lo Divino.

Grato presente de Jorge, quien estos días debe estar volando a París, al Salón del Libro, en representación de los escritores de Ecuador, junto con mi buen amigo Javier Vázconez, narrador de prestigio.

Ahora les dejo con cuatro textos de Jorge Dávila, un poeta cuyo pensamiento cristiano late en sus versos, pues siente la llama que alimenta y trasciende. Él va desde la bíblica zarza hasta las sorprendentes revelaciones de Juan de Patmos; él viene si alardes de bonanzas, mostrando lo que aquilata en su alma.

Mi abrazo y mi gratitud por su valentía de no esconder su entrega a Jesús.

CORONA
 No de metal precioso
 ni con gemas o
 símbolos.

 Tejida apenas
 de punzantes zarzas
 entre risas
 gritos
 y pinchazos

 “He aquí una corona
 para el rey”, deben
 haber dicho
 los soldados
 medio ebrios.

 Y la hundieron
 en tus sienes
 buscando
 la palabra
 de protesta
 la queja,
 golpeándola
 a que penetraran
 las espinas.

 ¿Y qué dijiste Tú?
 Nada.
 Lacerado,
 los finos hilos
 de sangre
 bajando por tu rostro,
 seguías en silencio.
 Es el principio
 debes haber pensado
 en el momento en que 
 te ciñeron un manto
 y pusieron una caña
 en tus manos como cetro.

 La befa comenzaba.

STABAT
Junto a la cruz de Jesús
estaba su madre...

 Y junto al lecho
 del pequeño
 que suda
 se estremece
 se queja.

 Siempre
 junto a la cruz del hijo
 cuando él muere
 de una pena indecible 
 de un dolor de la vida
 de unas flagelaciones
 del destino
 y una corona
 de espinas y de sueños
 inútiles.

 Siempre, allí,
 a tu lado, su lado, nuestro lado,
 pues todos somos Cristo.
 Lacrimosa, sí,
 pero firme, hasta el fin:
 el grito desgarrado,
 las tinieblas,
 el tercer día,
 la resurrección.

 LA TUMBA VACÍA
 Si Cristo no ha resucitado
 nuestra fe no tiene valor
 ni sentido,
 grita encendido Pablo.

 Nos aferramos a su palabra
 definitiva
 ardiente
 faro y antorcha
 en la sombra de los tiempos,
 la incertidumbre
 el miedo...

 Vamos hacia el encuentro
 del hombre-Dios que volvió
 de la muerte
 tan cambiado
 que los suyos
 no lo reconocieron:
 los de Emaús, María, Pedro...

 Vamos hacia Él,
 el Señor de la vida
 no el hombre de la muerte.

 Su sepulcro
 vacío
 es nuestro signo,
 nuestra fe inconmovible
 nuestra esperanza
 de resucitar
 también
 con Él un día.

PENTECOSTÉS
 Tu fuego, Espíritu Santo
 penetró de tal manera
 el barro y la madera
 de que estaban hechas
 esas buenas gentes
 que amaban, seguían,
 y, a veces, aun negaban
 al Rabí,
 que su incendio no ha podido
 apagarse en veinte siglos. 
Tomado de ALETHEIA, revista Evangélica de Teología

lunes, 1 de abril de 2013

Hernán Rivera Letelier


(Talca-1950)



Escritor chileno que se auto define más bien como contador de historias. Huérfano de madre a temprana edad, minero en su juventud; dice que empezó a escribir por hambre, ya que descubrió su vocación a partir de un concurso de poesía en el que el premio era una cena para dos. En la actualidad es uno de los autores más leídos de Chile. Narrador y poeta, ha sido premiado repetidas ocasiones dentro y fuera de su país . Estos son algunos de sus premios:

  • Premio del Consejo Nacional de Libro 1994 en la categoría obra inédita por La reina Isabel cantaba rancheras
  • Premio José Nuez Martín 2001 (Chile) por Los trenes se van al purgatorio
  • En el año 2001 es nombrado Caballero de la orden de las letras por el ministerio de cultura de Francia
  • Premio Arzobispo Juan de San Clemente 2001 (España) por Fatamorgana de amor con banda de música; Premio Alfaguara de novela 2010 por El arte de la resurrección.
  • Premio al Mérito Literario Internacional Andrés Sabella 2012 (Feria Internacional del Libro Zicosur (Antofagasta)
Presentamos así mismo un listado de sus obras:


  • Poemas y pomadas (1988).
  • Cuentos breves y cuesco de brevas (1990).
  • La reina Isabel cantaba rancheras (1994).
  • Himno del ángel parado en una pata (1996).
  • Fatamorgana de amor con banda de música (1998).
  • Donde mueren los valientes (1999).
  • Los trenes se van al Purgatorio (2000).
  • Santa María de las flores negras (2002).
  • Canción para caminar sobre las aguas (2004)
  • Romance del duende que me escribe las novelas (2005).
  • El fantasista (2006).
  • Mi nombre es Malarrosa (2008).
  • La Contadora de películas (2009).

El arte de la resurrección (2010).

miércoles, 7 de noviembre de 2012


¿Por qué hay que matar el ‘boom’?

Escritores latinoamericanos debaten sobre los rumbos del ciclo literario más importante del siglo XX en español


Vargas Llosa, su esposa Patricia Llosa, José Donoso, Mercedes Barcha (esposa de García Márquez), Pilar Donoso (esposa de José Donoso) y García Márquez, en Barcelona en los setenta. / CORITA








La leyenda dice que el polaco Gombrowicz juntó a su alrededor en Buenos Aires a poetas adictos a los que gritó, al despedirse, desde el barco:

_ ¡Maten a Borges!
Los escritores siempre han querido matar a sus padres. Algún tiempos después de que autores latinoamericanos de hace cincuenta años (Vargas Llosa, Fuentes, García Márquez, Cortázar, Cabrera Infante, Donoso, Bryce...) se hicieran boom y habitaran entre nosotros, hubo hijos literarios que quisieron matar esas influencias. En sentido figurado, como quería decir Gombrowicz.
Comenzamos a contarle esa anécdota a Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) y él la continuó: “Pues yo creo que no hay que matar a nadie. ¡Ni en sentido figurado!”
Fresán hablaba después del discurso con el que Vargas Llosa abrió el lunes en Casa de América el coloquio con el que la cátedra de su nombre conmemora los cincuenta años del boom y el medio siglo de la publicación de La ciudad y los perros. Vargas Llosa hizo recuento personal de ese largo trayecto ante “cuarenta escritores embarazados” de literatura (como los llamó el director de la cátedra, Juan José Armas Marcelo). Vienen de todas partes y todos tienen en las venas sangre de aquel fecundo periodo literario.
A algunos de esos escritores, como Fresán, les preguntamos por la manía de matar al padre, y en este caso al boom. Dice Fresán: “De hecho yo leo para vivir más, no para matar a nadie”. La lectura, además, “es el modo más barato de sobrevivir. Yo no tengo nada contra el boom como tal, pero sí contra la idea de emularlo constantemente”.
Fue una amenaza, como todo aprendizaje. Dice Alonso Cueto (Lima, 1954): “Aprender de los escritores del boom es una de las tareas más difíciles para un escritor que viene después de ellos. Recoger esta gran tradición literaria sin que se sienta su influencia y a la vez buscando una voz original es duro, pero creo que no hay otra postura posible. La liberación del lenguaje que supusieron estos escritores es un don que hemos recibido los que vinimos después”.
Su compatriota Fernando Iwasaki (Lima, 1961) nació con La ciudad y los perros, “y fui lector de las obras del boom desde la secundaria, nunca he tenido otros sentimientos que no sean la admiración y el cariño. No sería quien soy sin Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez y Cabrera Infante”.
La respuesta más contundente sobre la vieja pretensión de aniquilar esa influencia es de Arturo Fontaine (Chile, 1952): “La envidia se enmascara”. Añade: “Desde el Siglo de Oro que no ocurría en la lengua algo como el boom, entendido en un sentido amplio, es decir, incluyendo a Borges. En cuanto a mí, fueron las lecturas de mi adolescencia, leerlos fue sentir la libertad”.
“Esa manía de matar al padre —incluso con mera simbología freudiana—”, dice Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958), “me parece una idiotez, salvo que el padre sea un delincuente. Con los grandes del boom no podemos sentir más que agradecimiento: fueron ellos los que nos abrieron las puertas del mundo y de los lectores. Nos quitaron complejos de idiotas o de subdesarrollados. Nos mostraron caminos literarios completamente nuevos, y no para seguirlos por el mismo sendero, sino para buscar salidas nuevas en cualquier encrucijada”.
Juan Gabriel Vásquez, colombiano de 1973: “Menosprecio o ninguneo o asesinato de esa generación me parece un síntoma inequívoco de mediocridad intelectual, y aún de una cierta incultura. Los que trabajamos con la lengua española, si nos dejamos llevar por motivaciones o por resentimientos ocultos, sabemos que una es la lengua antes y otra después de Borges, García Márquez o Cabrera Infante. Yo estoy más bien entre quienes piensan en los autores del boom (y sus padres: Carpentier, Onetti) como los verdaderos fundadores de la tradición novelística latinoamericana. Ellos son nuestros clásicos”.
Andrés Ibáñez (Madrid, 1961) tiene la sensación de que el deseo (o la necesidad) de matar a los padres literarios del boom es más acusada entre los latinoamericanos que entre los españoles. A lo mejor me equivoco, pero creo que ellos los sienten más como antecedentes directos que nosotros. En cuanto a mí, no siento el menor deseo de matar nada del boom”.
Ha habido quienes han querido matar el boom como quisieron matar a Rubén, le decimos al nicaragënse Sergio Ramírez (1942). “Los hijos quieren matar siempre a los padres, y no pocas veces a los abuelos, pero es generalmente un sarampión de adolescencia. Luego se termina por reconocer la herencia. Por mi parte, siendo adolescente nunca tuve esos instintos criminales respecto al boom. Soy de la generación inmediata posterior, el postboom, me abrieron muchas puertas y perspectivas, técnicas de narrar, me dieron visiones nuevas de América Latina, un adolescente aprendiendo de quienes en su mayoría eran muy jóvenes”.
Carlos Franz, chileno nacido en Ginebra en 1959, cuenta por qué no se puede matar al boom como Gombrowicz querían que mataran a Borges: “Porque es inmortal. Cuanto más quieren matarlo más vive y mejor”. ¿Y por qué es importante no matarlo? Gonzalo Celorio (México, 1948): “Supone el regreso de una tradición, y a la vez es el antecedente de lo que Fuentes llamó el boomerang”. Está vivo, no pueden matarlo, dice el novelista mexicano.
 Tomado del Diario el País del 8 de noviembre del 21012

martes, 23 de octubre de 2012

Fausto Ramos y sus relatos sombríos



El libro busca que el lector reflexione sobre sus apariencias. ‘Palabras sombrías’ es el libro de relatos que Fausto Ramos, tallerista de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), presenta el 25 de octubre, a las 19:00, en la Sala Jorge Icaza de la Institución. El comentario y análisis de la obra estará a cargo de Diego Velasco Andrade, coordinador de los talleres literarios de la Institución. Además participarán en actos musicales y dancísticos Doris Gordón y Jacqueline Erazo. El escritor Marcelo Chiriboga (fallecido) en una parte del prólogo, afirmó que esta obra constituye “un abordaje literario a la profundidad de nuestros deseos más ocultos, aquellos que tejen la fina telaraña con la que el ser humano urde su fugaz y esquiva felicidad”. El autor pincela sutilmente sus historias con ironía, humor y erotismo creando ambientes oscuros que desnudan a una sociedad incapaz de mirarse al espejo a través de sus defectos. Ramos rompe el convencionalismo e invita al lector al debate y la reflexión. Fausto Ramos Romo es un escritor formado en los talleres de la CCE desde el año 2009, bajo la guía de Diego Velasco y Jorge Velasco Mackenzie. Autor del libro ‘El señor de los cuentos: historias perdidas de la Mitad del Mundo’, en el género del relato fantástico ecuatorial. Sus próximos proyectos literarios son una novela de ficción basada en un relato de ‘Palabras sombrías’ y la saga del ‘Señor de los Cuentos’. La entrada a la presentación del libro ‘Palabras Sombrías’, de Fausto Ramos, es libre.

(Tomado del Diario La Hora del día 23 de Octubre de 2012)

domingo, 24 de junio de 2012

Selección de cuentos ecuatorianos

Boletín de prensa

Mayo, 2012

PARA CUENTISTAS ECUATORIANOS LA FUNDACIÓN CULTURAL ROCÍO DURÁN-BARBA propone una selección de cuentos de autores ecuatorianos para la 20avo premio de los talleres de traducción español-francés 2013 de LA CASA INTERNACIONAL DE ESCRITORES Y POETAS DE BRETAÑA Para proceder a la selección de los cuentos convoca a los escritores ecuatorianos a enviar colaboraciones.

Bases de la convocatoria

.- Se trata de un premio colectivo para cinco autores.

.- Se aceptará un solo trabajo por autor hasta el 31 de julio del 2012.

.- El trabajo debe consistir en una serie de cuentos cortos para adultos, inéditos. El largo máximo de cada cuento será de 1.000 caracteres con espacios. Y el trabajo total no debe ser superior a 10.000 caracteres con espacios.

.-Los autores que envíen sus trabajos deberán contar al menos con TRES obras publicadas en narrativa y/o poesía.

.- Las cuentos se enviarán al siguiente mail: fundacionrdb@gmail.com acompañados de un breve cv (15 líneas máximo).

.- Los trabajos no seleccionados serán eliminados automáticamente de los archivos de la Fundación cultural RDB.

.- La participación en el proyecto implica la conformidad de los participantes con las presentes condiciones, sin reclamo posterior de ninguna especie. EL PREMIO DE LA CASA DE ESCRITORES Y POETAS DE BRETAÑA CONSISTE EN LA TRADUCCIÓN DE LA OBRA AL FRANCÉS por parte de los talleres de traducción 2012-2013 que lleva adelante en la región Y LA PUBLICACIÓN DE LA MISMA. En el Ecuador literario de la actualidad “se percibe de una manera dominante y constante el deseo genuino de los escritores que escriben historias cortas, de ubicar su trabajo cuentístico a la altura de cualquier literatura mundial”. SE RUEGA DIFUNDIR LA CONVOCATORIA Si no desea recibir este boletín, por favor escríbanos a cultura.fundacionrdb@gmail.com

miércoles, 2 de mayo de 2012

Presentación del libro "Des-Habitado"

de Edison Navarro Cansino. Miércoles 2 de Mayo de 2012 Sala Benjamín Carrión, Casa de la Cultura Ecuatoriana. 19:00 (siete de la noche)
Lo grande que tiene la palabra es que puede repartirse en millones de imágenes, los varios ojos que la lean o los oídos que la escuchen sabrán cómo entenderla y cómo asimilarla; pero éste es el segundo paso de la creación literaria, primeramente está el trabajo del poeta, la configuración del mundo que tiene a su alrededor o en sus múltiples dimensiones, la lectura (llámese dolor o regocijo, ensueño o mentira) de sus percepciones, caerán al papel, como sus propias escamas o como aquellos pedazos de piel que ya están demás, que ya hicieron su trabajo en las venas, en la sangre, incluso en la propia risa o melancolía. Es la hora que de allí se traslade en el ejercicio que irá a parar en los sentidos del lector, en esa persona extraña y anónima, que no sabemos qué hará con sus palabras, con sus efectos, en caso que algo le haya tocado. En cualquiera de los casos el autor ha hecho su trabajo, de ahí es comida del destino. El poeta, en este caso, ha cuestionado su posición ante el mundo: Nadie canta el luto de mi boca,ha cantado a su relación del cuerpo y sus contenidos viscerales u óseos con el tiempo, penetra por hendijas diminutas para explorar mapamundis ínfimos, hasta dar a veces con el silencio, a veces con más incógnitas. Hace presencia también de elementos eróticos, de declamaciones tácitas a la carne y al deseo, como si buscara en la construcción de esos momentos explicaciones al amor o al olvido, como si él mismo se buscara en el acto amatorio. El poeta se mira de lejos a sí mismo, se busca entre sombras y fuentes de agua. Como la exploración de un vientre universal, pero dentro de ese vientre se siente extraño, desterrado, y mimado al mismo tiempo. Como si la conexión no física con elementos cósmicos y de la naturaleza fuese real, como si la misma palpación del amor fuese posible. Quizás de eso se trata la poesía, el arte en sí, de ser el puente entre el ser y su entorno, pues no hay otra posibilidad para conocer de cerca los detalles de lo eterno y lo real. Edison lo ha entendido así, y lo lleva a cabo en ésta, su primera obra, entregada al lector como una ceremonia para la soledad o el silencio.

martes, 10 de enero de 2012

El difícil trabajo de la poesía




Tomado de Diario Hoy

Publicado el 26/Noviembre/2011 | 00:18

Libros
Jorge Dávila Vázquez

Ives Cadena, joven escritor riobambeño, acaba de publicar su primer libro, Danza de Callejones (CCE, Núcleo de Chimborazo, 2011).

Conozco de la gran inclinación de Cadena por cuanto signifique creación artística, especialmente por lo cinematográfico. Su bagaje de conocimientos en este campo es admirable, como también su gran deseo de saber más cada vez.

Se lo siente caminar hacia una interesante madurez intelectual y un dominio de la palabra y los contextos culturales que le apasionan.

Sin embargo, detrás de la publicación de su libro de poemas parece que hubo dos motivaciones esenciales: analizar el sentimiento que le une hacia una persona especial, que lo inspira y a ratos lo abandona a su insatisfacción, a sus búsquedas, a su desolación; y recoger un poco de textos de diferentes épocas –todos recientes, dada la juventud del autor-, pero que no tienen una homogénea calidad lírica.

Se perciben claramente estas dos vertientes de su empeño literario. El deseo que lo encandila, le hace ver a la amada en la naturaleza, en el cosmos, en todo: "el ciclo del sol reproduce tu retrato"; "en tu falda el río… en tus piernas el viento"; "bebiendo el llamado de tus ojos de luna nueva"; "cuando veo la rosa imagino tus brazos"; ese amor incontenible, universal, le impulsa a escribir: "dos corazones apresuran su danza perpetua/ mis ojos poseídos de gula/ ensombrecen la cordillera/ tus valles de oasis ahogan mi sed." Tendencia de muchos autores que surgen en la posmodernidad es la de identificar al ser que los seduce y al mundo entorno, en una sola realidad poética.

Sin embargo, no todo es pasión en la literatura, está también, y, sobre todo, la cuestión estética. Cadena es consciente de ello, por eso dice "El embrujo del arte me conduce/ al ocaso invisible…"

Estoy seguro que el autor se liberará de ese lastre de amores y confesiones, de tono marcadamente juvenil, e irá directamente a la esencia misma de lo poético. Esperémoslo.

"Mi objetivo siempre será escribir"


Tomado de El Comercio

Leonardo Valencia TIEMPO DE LECTURA: 5' 58'' NO. DE PALABRAS: 1003 Redacción Guayaquil 00:00 Lunes 26/12/2011

A pesar de que desde 1993 vive en el exterior, Leonardo Valencia nunca descuida el Ecuador. Cada año regresa a pasar Navidad y Año Nuevo con su familia y no se olvida de publicar sus obras con editoriales ecuatorianas. Justamente cierra el año publicando la cuarta edición de su libro de cuentos ‘La luna nómada’ con la editorial Alfaguara, con el propósito de que sus historias sean leídas en el país. HOJA DE VIDA Su experiencia. Escritor guayaquileño. Ha publicado el libro de cuentos ‘La Luna nómada’ (1995, 1998, 2004 y 2011) y las novelas ‘El Desterrado’ (2000), ‘El libro flotante de Caytran Dölphin’ (2006) y ‘Kazbek’ (2008). Su punto de vista. La ficción a veces parte de un núcleo biográfico, pero luego se le da espacio a la imaginación. ¿Cuál es el objetivo de publicar tantas ediciones de ‘La Luna nómada’ y, en cada una de ellas, nuevos cuentos ? Responde al proyecto del libro, que se va ampliando en cada edición. Si los cuentos que hoy en día escribo continúan siendo de la misma temática, ¿para qué publicar otro libro de cuentos con otro título? Mejor incluirlos en el mismo título. ¿El mismo libro se volvió nómada? Curiosamente, sí. Esa es la temática principal que trato en los cuentos. ‘La luna nómada’ va en movimiento en cada edición. En esta edición incluye un decálogo para escribir cuentos. ¿Cómo describe esa experiencia? Originalmente, el decálogo lo escribí por pedido de la revista Eñe de Madrid. Fue bastante interesante. Los decálogos tienen una estructura clásica: las 10 reglas de algo. Pero como a mí me gusta sabotear la idea de los números redondos, los expandí con notas adicionales. Los decálogos son un ejercicio interesante para que el escritor ordene sus ideas sobre el acto de escribir. ¿Qué libros se encuentra realizando actualmente? Por ahora, estoy escribiendo un libro ensayo de artes gráficas y una novela. ¿De qué trata la novela? Trata sobre dos pintores, uno ecuatoriano y otro alemán, que se cruzan. Cada uno de ellos tiene un problema específico con las historias particulares de sus respectivos países. Aún no abandona, por lo tanto, la temática de desarraigo y nomadismo que viene tratando desde sus anteriores obras. ¿Es un obsesión personal? Hay una parte personal, obviamente. He vivido en varios países: en Ecuador, en Perú, en España, en Italia.Tengo vínculos con este último por mi lado materno. Creo que siempre hay una pequeña inspiración biográfica, pero la ficción es algo más. Es darle espacio a la imaginación de manera que ese núcleo autobiográfico se expande, se matice, se corrija y se mejore. Este año, continuó dando los cursos de verano de Escritura Creativa de la Universidad Autónoma de Barcelona ¿Cómo se siente en esa faceta, la de instructor? A mí incluso me resulta más satisfactorio que la mera enseñanza de literatura en la universidad. Estos son grupos más pequeños y las personas que escriben realmente están apasionadas por hacerlo. Y claro, le ponen mucha energía a lo que escriben. ¿Qué rescatará de la formación de escritores en estos talleres literarios? Son importantes mientras no se imponga un estilo al tallerista. Se debe entender la dinámica creativa de cada persona y tratar de ayudarla con el mismo estilo del alumno. No defiendo una sola estética, una sola línea literaria; sino la de distintas escuelas, distintos estilos, distintos autores. ¿Cuál es el presente de la literatura ecuatoriana? Yo creo que estamos viviendo un excelente momento. Muchos escritores ecuatorianos están publicando afuera. Cuando lo hice con ‘La Luna nómada’ (en 1995, con una editorial peruana) era como raro que una pluma ecuatoriana publicara en el exterior. Pero ahora vemos a muchos autores que lo están haciendo en Argentina, México, España y eso es una muy buena señal. ¿Encuentra una temática recurrente en la narrativa ecuatoriana actual? Hay algo que me entusiasma. He visto en autores jóvenes como Eduardo Varas, Miguel Antonio Chávez o Luis Alberto Bravo, una apertura a incluir, sin ningún tipo de intimidación o complejo, temáticas de cualquier parte del mundo. Tú notas que la cultura ya es abierta, y que el imaginario se proyecta a varios territorios. Esa es una señal de que se está dando un proceso de madurez para lanzarse al mundo. ¿Está superado el Síndrome de Falcón (el peso para escribir sobre la patria) del que usted habla en un ensayo literario? Yo creo que ese es un síndrome que vendrá cada cierto tiempo. La política cultural que actualmente tiene el Gobierno tiende a favorecer el Síndrome de Falcón: esa idea de que el escritor tiene que ser responsable por escribir sobre su país y lo que se termina haciendo es matando la libertad creativa del artista. Los lectores quieren una historia que les guste, que les apasione y no les interesa si el autor está escribiendo sobre su país o no. ¿Qué proyectos tiene para el 2012? Terminar el libro de artes gráficas y la novela. Además, estoy esperando que se publique una traducción al francés de mi obra ‘El libro flotante de Caytran Dölphin’ . Una editorial de París la va a publicar a principios del año. ¿Continuará dando sus talleres? Sí, con el laboratorio de Escritura Creativa de la Universidad Autónoma de Barcelona y con otro que vengo haciendo desde hace dos años, vía Internet. Tengo algunos alumnos de diferentes países, que van desde los 18 hasta los 60 años. Eso es lo bueno que tiene la literatura: nunca es tarde para escribir. Algunos de los alumnos que tengo son ecuatorianos.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/cultura/objetivo-siempre-escribir_0_615538541.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

martes, 22 de noviembre de 2011

Sergio Román- ‘"Club 7 poética y erótica"

Ponencia para el Encuentro de Talleres Gustavo Garzón

Sergio Román Armendáriz
Integrante del Club 7 de Poesía,
(Guayaquil, 1951-1962)
www.sergioroman.com


Tema I,
Paisaje personal
(1er. miembro de la hipótesis)


Amistades apresuradas confunden poesía erótica con cualquier manifestación del comportamiento sexual humano, que es tan curioso y variado en la cama, por lo cual, sólo las sábanas pueden hablar con algún grado de precisión.

De allí que, en el primer verso del primer poema de mi ‘Arte de amar’, escribí: ‘La sábana se enciende para la batalla…’1

Pero, en este mundo mercantilista que padecemos, la única reproducción que tiene valor es la financiera, la monetaria, (no la genética, menos la lírica), aunque el sistema explote en bárbaras crisis como la que hoy azota al capitalismo.

Escribir versos no es rentable y quien lo hace, es un ser peligroso que atenta contra el sistema, no tanto por razones políticas sino porque, para la burguesía, el poeta es un excéntrico o sea alguien que no coloca el dinero en el eje de sus preocupaciones. Ergo, es un parásito, un extraño a quien se intenta descalificarlo, de inmediato, con el apelativo de homosexual o de lesbiana, conceptos que hoy, por fortuna, muestran signos de renovación semántica y aceptación social.

El ‘Club 7’ no ha sido una excepción porque hay personas, incluso especialistas, que merodean las composiciones del grupo con la esperanza de encontrar alguna prueba de la supuesta o real homosexualidad o bisexualidad de sus integrantes. Qué les importa, sobre todo si se considera que en esa morbosa ceremonia se pierde de vista lo principal, el poema, criatura autónoma con su estructura y su magia, pues los curiosos se quedan hipnotizados con su propio dedo índice que señala hacia una luna lejana que ellos o ellas no ven.

‘Practicismo’ de Ileana y ‘Distinto’ de David, ejemplifican esta apreciación. Veamos un extracto:

‘El practicismo (…) sugiere que me case / con un buen comerciante / porque así dejaré de … dar recitales … / (… y de comer) frijoles secos / (…) pero Ileana, la tonta, la lírica, la loca, / se casará / -si se casa- / con un poeta pobre.2

Veamos, ahora, un extracto de ‘Distinto’:

‘(…) Mis hermanos / mis diferentes semejantes que amo. (…)3

En 1954 publiqué ‘Del poeta y su llanto por la muerte de la infancia’, una autoelegía que empezaba diciendo: ‘¡Ay, Sergio Román! ¡Ay, breve amado mío! / ¡Ay, leve niño puro! Sin intuir / De súbito, te arrancaste la venda para mirarte ciego. / (…)’4

Alguien en la imprenta sintió que el título era muy largo y, sin consultarme, me hizo el dudoso favor de suprimir la frase explicativa: ‘… por la muerte de la infancia’ lo que creó cierta ambigüedad propicia al chisme pues yo, al añorar los años de mi niñez, como autor en ciernes, quise experimentar alejándome del acontecimiento para tratarme, a mí mismo, con mi nombre y apellido, pero como si fuese otra persona. En resumen, se trataba de una cuestión de enfoque literario y no de una declaración de homosexualidad.

Con los antecedentes expuestos, en este trabajo bosquejaré la hipótesis de que las costumbres sexuales no nos convierten necesariamente en poetas, aunque los burgueses utilicen ese latiguillo, porque la erótica es más expresiva que el hecho, a veces rutinario o circunstancial, de acostarnos en compañía o en soledad.

Tampoco las costumbres sexuales ‘explican’ el poema. Con razón dice Eduardo Carranza5: ‘… te saltabas las explicaciones como los sueños y los versos’ . El poema no es una ecuación explicable. Su valor reside en la creación de una realidad extraordinaria que se construye con las limitaciones ordinarias del idioma. ¡Éste es su valor radical: la alquimia que trasmuta lo ordinario (el idioma) en lo extraordinario (el poema).

Resumo, por afán didáctico, la dualidad de mi hipótesis, subrayando, en primer lugar, en este capítulo, lo que acabo de expresar, o sea, la autonomía del poema frente a las costumbres sexuales (reales o morbosamente distorsionadas) de quien lo concibió. Y subrayando, en segundo lugar, en el capítulo siguiente, la simbiosis entre Eros, el semen, y Tánatos, la ceniza, que son ‘el polvo en que tarde o temprano, nos convertiremos’6, proverbio bíblico, del cual, oblicuamente nuestro pueblo, en su registro coloquial ha incorporado una acepción con matices sexuados, de la voz: ‘¡polvo!’.



Tema II
Eros y Tánatos,
el amor y la muerte
(2do. miembro de la hipótesis)


Entre el semen de Eros y la ceniza de Tánatos transcurre nuestra existencia.

Eros representa la atracción sexual y la ensoñación o la adicción y el deseo por otra persona o por sus máscaras o fetiches, proceso glandular y misterioso al que nombramos: ¡amor!, el más hermoso vocablo castellano.

Tánatos representa la extinción.

Nunca pensamos que los amantes y los moribundos comparten identidad porque siempre anhelamos sus respectivas autonomías, pero David Ledesma sí lo supo pues esa dicotomía aparente constituye la sustancia del segundo canto de su ‘Cuaderno de Orfeo’, quien, en el mito griego, no puede mirar a Eurídice, sin morir. Y viceversa.7

Por eso, al orgasmo, el clímax de la cópula, también lo llaman ‘la muerte pequeña’.

Por disciplina del discurso y por cariño, debo recordarme junto a mis cómplices: David Ledesma (1934-1961), Gastón Hidalgo Ortega (1929-1973), Carlos Benavides Vega (1931-1999), Ileana Espinel Cedeño (1933-2001) y este Sergio Román Armendáriz (1934, aún sin fecha de caducidad), quienes integramos el ‘Club 7’ de 1951 a 1962, en ese Guayaquil donde ‘paseamos por el amor y por la muerte’, sin ignorar su influencia pero sin filosofar acerca de Eros y Tánatos, afinando por intuición más que por reflexión, el hecho alquímico de transformar cada experiencia vital y mortal, en versos.

A esta constante metamorfosis de Eros en Tánatos, y viceversa, contribuyen ‘Identidad’ de David Ledesma, ‘El espejo en el bosque’ de Gastón Hidalgo y ‘Frenesí’ de Ileana Espinel.

Dice David en la mencionada ‘Identidad’, de su ‘Cuaderno de Orfeo’: ‘Vivo en ciega Poesía / desterrado, / ausente de mí mismo / a una distancia / que puede ser de amor / -llaga insondable- / o absorta muerte diaria / repetida.’8

Aquí conviene enfatizar que se habla de destierro, ausencia y distancia sugiriendo un desvanecimiento y, a la vez, ese reconocimiento o anagnórisis, entre el amor equivalente a la muerte.

Subrayo, de David, su aproximación sugerente a la lírica erótica.

Ahora, de Gastón y su mencionado ‘El espejo en el bosque’, rapto la figuración siguiente:
‘Azul, en duermevela, lento y claro / el espejo se ubica en pleno bosque… / Se expanden, en bandadas, sus reflejos / que bañan la cintura de una virgen (…) / Con llanto de panteras malferidas, / escapan del espejo, tenebrosos, / los besos de la luz agonizante / al límite impreciso del perfume… / (…) Y el espejo y su cielo alucinado / esconde en laberintos de diorita / los rostros fugitivos de los dioses…’9

Una de las más bellas estancias del Club 7, ésta de Gastón Hidalgo Ortega, sugiere una doble realidad evanescente en el bosque -vivo en el espejo, pero moribundo en la realidad convencional-. Por esto, creo que el autor, a propósito, acuñó el arcaísmo: ‘malferidas’, por ser un adjetivo atinente a ‘panteras’, imagen sensual epónima mientras reflejos, besos y perfume ‘bañan la cintura de una virgen’.

Subrayo, de Gastón, su aproximación implícita a la lírica erótica.

En contraste, estalla el ‘Frenesí’ de Ileana, quien escribió en la línea que abre su primera estrofa:

’Solo un viejo tabique de mi amor te separa. / (…)’

Y en los versos 5, 7 y 8 de la segunda estrofa, proclama sin ambigüedades:

‘A través del tabique oigo un leve suspiro. / (…) ¡Deliro / de amor!’

Y continuando el fluir de la pasión física, en la tercera y última estrofa, escuchamos:

‘¡Ven a mí! … / De tu alcoba a la mía / sólo un paso, mi dios. / Y esta noche de luna y poesía / será de los dos.’10

Además, la autora, en su ‘Te quiero…’, distribuye su declamación explícita en dos estrofas, la una de doce versos y la otra, de siete, con un juego retórico de antítesis a manera de tenaza que se abre, en el verso primero con: ‘Te quiero porque tienes todo lo que no tengo (…)’, mientras se cierra en el verso último con: ‘(…) te quiero porque tengo todo lo que no tienes’.11

Subrayo, de Ileana, su aproximación directa a la lírica erótica.

Así, en tres vías predominantes, distribuyo los ejemplos anteriores:

A.- la técnica de la erótica sugerente, en ‘Identidad’ de David Ledesma.

B.- la técnica de la erótica implícita en ‘El espejo en el bosque’ de Gastón Hidalgo. Y,

C.- la técnica de la erótica directa en ‘Frenesí’ de Ileana Espinel.

Aún no he hablado (pero hablaré de inmediato) de Carlos Benavides Vega12, pastor de una lírica en voz baja quien sin ningún alarde construyó su obra que mereció una alta calificación girada por la escritora María Piedad Castillo de Leví13, quien, de él, expresó: ‘A mí parecer, Benavides Vega es el mejor del grupo.’

De Carlos diré que, aunque parco en sus expresiones eróticas conforme se desprende de la revisión de lo único que de él nos queda: los siete poemas de su firma que integran su sección de nuestro primer libro plural, ‘Club 7’ de 1954 14, sin embargo, del primero de ellos, de su ‘Inventario’, repetiré los versos 12, 13 y 14, que rezan: ‘(…) Y quise del amor su fruto de agua, / sus arcos más prohibidos, y su flor desteñida de ceniza.’15

Otra vez, la técnica de la erótica sugerente sincronizando el amor que, según Benavides Vega, palpita en su ‘fruto de agua’ y la muerte transformada en una ‘flor desteñida de ceniza’, clara simbiosis en nuestra literatura clubsiética 16, entre el fruto de Eros y la ceniza de Tánatos, parábola que cumple uno de los dos elementos de mi hipótesis.

Por afán didáctico, insisto en subrayar la dualidad de dicha hipótesis:

Uno.- La simbiosis y traslación entre Eros y Tánatos, el amor y la muerte.

Dos.- La autonomía del poema frente a las costumbres sexuales (reales o morbosamente distorsionadas) de quien lo concibió.


Tema III
Epílogo,
declaración necesaria
(Intento de contrastar la hipótesis)


Medio siglo después y algo más, en este 2011, el azar continúa dándome la calidad de sobreviviente del grupo, de tal manera que estas reflexiones son personales y tardías. De ninguna manera quiero cometer la arbitrariedad y la descortesía de atribuírselas al conjunto, como si hubiesen sido un asunto tratado en nuestras pláticas guayaquileñas en la mitad del siglo veinte.

Es frecuente, en un salto dialéctico, repetir la hipérbole de Vladimir Mayakovski17: ‘Conmigo se ha vuelto loca la anatomía, soy todo corazón’, expresión encantadora pero imprecisa porque al amor le corresponde -el cerebro-, y no, otro órgano. ¡Cuestión de hormonas y de algunos insectos químicos!

De allí que los estudios sobre la evolución sostengan que nuestro desarrollo bio-psicológico ha ido recogiendo las huellas de los distintos estadios de la manifestación progresiva de las especies.18

La erótica (sea sugerente, sea implícita, sea directa) constituye una invitación a la investigación pues algo o mucho tiene que ver con la ‘Teoría del cerebro trino (o de los tres cerebros)’ que Carl Sagan popularizó en ‘Los dragones del edén’.19

De estas consideraciones se desprende la partitura de los tonos, los cuales predominantemente corresponderían a cada uno de los tres cerebros, si los resultados de la investigación fuesen plausibles. De todas maneras, esta teoría evolutiva constituye una golosa aproximación a la praxis de la escritura, empezando por los tonos.

1ro.- El tono eruptivo correspondería a la pasión, al cerebro reptiliano.

2do.- El tono flexible correspondería a la emoción, al cerebro límbico.

3ro.- El tono grave correspondería a la razón, al neo-córtex o nueva corteza cerebral.

Mediante una exploración, aún en ciernes, es factible enriquecer la lecto-escritura analítica y sintética del verso, por medio de una revaloración del enfoque y de los tonos.20

En este momento, acabo de señalar la opción creativa y crítica de los ‘tonos’, así como al cerrar la primera parte de este trabajo, señalé la opción del ‘enfoque’ cuando me referí al ‘Practicismo’ de Ileana y a mi ‘Del poeta y su llanto’ porque, en ambas construcciones, quien escribe, lo hace desde el entramado del poema, y no desde su exterior.21

Añadiré al tono y al enfoque, la codificación de los giros retóricos y de sintaxis, en especial, los de comparación, los de supresión y los encabalgamientos, a manera de instrumentos de una específica lecto-escritura del poema.

Ha sido indispensable trazar estos breves párrafos de preceptiva básica, para apoyar las referencias que sobre los miembros del ‘Club 7’ estampó el crítico Hernán Rodríguez Castelo (en su ‘Lírica Ecuatoriana Contemporánea’).22

De Gastón, dijo que ‘Trabajó espléndidas metáforas, sensorialmente ricas, semánticamente penetrantes;(…)’23

Casi con arbitrariedad, me atrevo a pensar en los versos del 9 al 12 de ‘El espejo en el bosque. Leo: ‘(…) Con llanto de panteras malferidas / escapan del espejo, tenebrosos / los besos de la luz agonizante / al límite impreciso del perfume…’.24

De Ileana, en su ‘Acaso’ que Hernán Rodríguez espiga en la ‘Antología’ mencionada, versos 7 y 8, oímos:

‘(…) Estoy tratando de explicarte ahora / que por tu vida conocí la muerte. (…)’.25

Según el crítico Rodríguez Castelo, Ileana ‘(…) vuelve a recalar (…) en el tema de la salvación y de los balances –elípticos, intensos, desolados- (…)’.26

Esta erótica de la vida que es muerte y viceversa, David Ledesma la consagró en su ‘Teoría de la llama’ que, a plenitud, ilustra con sus versos 13 y 14, y del 19 al 24:

‘(…) He muerto en mí para resucitarme. / Un nuevo ser me viste. / (…) / Me transfiguro / en una entera llama de Poesía / que arde, / crepita / y ruge / desde adentro. /(…)’27

Por eso, Rodríguez Castelo apunta: ‘(…) La imagen se maneja con transparencia (…). Y los ritmos no turban ese silencio (…) en que el poeta oficia (…)’.28

Don Hernán, en su Antología, se refiere a dos de mis poemarios: ‘Cuaderno de canciones’ y ‘Arte de amar’, diciendo de este segundo título que ‘(…) lo mejor de lo hecho hasta entonces era poesía erótica. Pero en ‘Arte de Amar’ –la parte de Román en ‘Triángulo’-29 el erotismo, salvo tenue velo metafórico, fue directo y férvido. Trece estrofas de siete versos libres, de sostenido aliento lírico. (También dijo que) ‘Cuaderno de canciones’30 fue otra prueba: ‘(…) -tantas estrofas como letras tiene el alfabeto-.’31

La letra ‘Z’ cierra el ‘Cuaderno’, así:

‘A bordo del anhelo encenderé la siembra / que curvará la línea dorada de tu vientre / hasta que un día nuevo nueve uvas más tarde / estremecidos vientos revienten las amarras / que un milagro sacude en tus muelles azules / y el hijo nos sorprenda como final de un viaje / o como árbol crecido en la luz de la sombra.’32

Desde ‘La sábana se enciende para la batalla’, en el verso inicial de ‘Arte de amar’ que se mencionó en el comienzo de esta plática, hasta este final del ‘Cuaderno de canciones’ donde surge el ‘hijo (que) nos sorprende como final de un viaje’, se ilumina el rumbo que conduce de Eros a Tánatos y viceversa porque integran igual proceso, pero, de alguna manera, antes de la muerte, el hijo representa, aunque sea en forma momentánea, el amor, el triunfo efímero de la vida.

Concluyo intentando contrastar los dos miembros de la hipótesis: Eros es Tánatos, y viceversa. Pero el poema es una criatura independiente de los hábitos sexuales de quien lo produjo. Sobre esta base les invito a releer tomando en cuenta su contexto: ‘Club 7, poética y erótica’ y la obra de Carlos, David, Ileana, Gastón y Sergio.